viernes, 7 de septiembre de 2007

Cuento: “Saber amar”

Como sabéis, la vida de la mayoría de los seres de la tierra, se desarrolla en un mismo hábitat, unos son terrestres, otros marinos, y otros aéreos, conozco a pocos que cambian, por eso yo estoy tan orgullosa de esta singularidad que poseo: vivo en el río y en el mar.

Mi vida empieza en el lugar que definen las tres primeras letras de mi nombre, mar, y por eso, su olor y sabor, estarán siempre en mi ADN, aunque me haya ido lejos.

A mi vida en el mar, le debo la formación familiar en valores, los estudios, la sensibilización social, el esfuerzo personal, y mucho salitre marino.

El mar como sabéis es enorme, infinito, y lleno de peligros, peces grandes que buscan a los pequeños, embarcaciones, pescadores que nos acechan continuamente, y yo soñando con aguas diferentes, con naturaleza de otros colores, además del azul...

Mi pasión por la naturaleza, por la vida al aire libre, y por el deporte, me lleva a preguntar por otros ambientes.
Mis amigas mayores me hablan de algún salmón que logró volver al mar después de su aventura en el río, y que contó que el río resulta un hábitat muy difícil para vivir.
Me comentan todos los problemas de adaptación que voy a tener que soportar: para empezar, me dicen que la respiración es diferente, también la flotación lo es, además hay saltos de agua que son verdaderas trampas mortales,...todo parece ponerse en contra de lo que ya es una obsesión para mi.
Absolutamente decidida a dar el gran salto, me acerco nadando a la cornisa del mar, lugar peligroso por sus grandes rocas y por las olas que pueden golpearte contra ellas.
Me dejo guiar por el olor y sabor del agua dulce, y cuando lo percibo junto al mar, intuyo que debe de ser la desembocadura de un río, y me adentro en él.
Observo, que como yo me imaginaba, el río tiene límites, laderas, riberas cargadas de vegetación y de colores, el agua es mas limpia y fresca, y comienzo a sentirme a gusto .
Cuando ya me siento muy segura y conozco bien el agua del río, encuentro en una orilla a un aficionado a la pesca y decido quedarme. Me mezclo en sus redes y se convierte en mi gran amor.

Este pescador de río me arrastra a Estella-Lizarra, y allí consigo mi primer empleo estable.

En una cooperativa industrial, entro a trabajar de administrativa-contable, y poco a poco voy ocupando distintas funciones en un ambiente cargado de rechazo y dificultades para las mujeres, pero mi juventud e ilusión pueden más.
El ambiente que respirábamos me recordaba muchas veces al que provocaba el calamar en el mar, que, cuando se sentía en peligro, despedía aquella nube negra .. que te impedía ver con claridad.
Pues así estaba yo muchas veces, navegando entre nubes negras de intolerancia y machismo, hasta que llegó la nube más negra de todas y después de 13 años, superada una situación de crisis en la empresa, me voy en la búsqueda de nuevos cauces del río.

Mientras la vida en el río seguía su curso, yo, además de tener mi trabajo , quería ser madre y no sabía como podría compaginarlo todo, aunque pensé que si había sido capaz de vivir en el mar y en el río, así como navegar entre nubes negras de calamar, también sería capaz de equilibrar mi vida de trabajo y familia.Y además no estaba sola.
Como pienso que todo en la vida es cuestión de proponértelo, aprender y ponerlo en práctica, me dedico a fortalecerme con ejercicios de entrenamiento de mis músculos, a veces realizo pequeños saltos, otras hago deslizamientos tipo surf, y .. cuando me siento fuerte, me embarco con mi compañero en la aventura de ser madre y él padre.

Para hacerlo, los salmones como yo, tenemos que subir río arriba, es decir nadar contra corriente. Además, en el camino hay saltos, cataratas, que me veré forzada a superar, la verdad es..., que nunca hubiera pensado que exigiría tanto esfuerzo.

Cuando me encontraba más exhausta en uno de los saltos finales, mi compañero, que iba delante de mí en la travesía, movió una piedra que me impedía el acceso, esta cayó, y por fin pude saltar ágil.
Llegamos los dos agotados, pero con los años, hemos logrado crear una familia y nos sentimos muy orgullosos de nuestros alevines salmones.

Hace 15 años que llegué a la parte mas alta, allí ..., donde nace el río
Cada año otros salmones vienen a hacer la misma operación, y muchos después , no saben como volver al mar.

La mayoría de las veces, llegan exhaustos del esfuerzo y no pueden sobrevivir.
Por esa razón yo he decidido quedarme aquí para ayudarles. Llevo años, como Directora de un Centro de formación de empresas laborales, porque sé que con formación y la energía necesaria, los recorridos de crecimiento personal y profesional pueden ser más cortos y más seguros y son una ayuda importante en este viaje por el río.
Cada salmón debe aprender a reconocer los peligros del río, gente pescando, otros seres depredadores y a saber escapar de vertidos que intoxican las aguas..., porque ¿dónde no hay peligros?.

Probablemente un día también yo vuelva al mar, muchas veces añoro su olor y las maravillas que había en aquella inmensidad, la arena ., las olas.... y pienso que además, puede que bajar, sea mucho mas fácil que subir ¿quién sabe?.

Sin embargo, por ahora quiero quedarme, enseñar lo que aprendí y seguir ayudando a quienes vienen detrás, poner o quitar piedras y facilitarles el paso, así que por ahora seguiré en lo alto del río soñando con saber amar.

miércoles, 28 de marzo de 2007

Marisa


Soy una chica que me gusta mucho los pasteles